¿Es posible —nosotros nos preguntamos— que se pueda pedir más de Goethe, después de todo lo que dio? Con Weimar o sin Weimar, pensamos que nada más podría habernos dado. El hecho de que ahora se llore por lo que pudiera haber sido, no es sino señal de lo mucho que se le exige a Goethe, pues como sucede con la obra de todos los grandes hombres, también la suya nos sabe a poco. Ni Weimar tuvo la culpa, ni Goethe se distrajo. Le sucedía como a Leonardo da Vinci, cuyo genio múltiple también puede inducimos a pensar si realmente aquella de pintor fue su vocación y, de serlo, si fue un mal que hiciera también otras cosas. Descollaron tanto en otras actividades que siempre puede quedar la duda de si hubieran sido más dedicándose por entero a una de ellas.
CARMEN BRAVO-VILLASANTE
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