«Un pueblo antiguo, el primero y legítimo dueño del continente americano, se deshace día a día como la nieve bajo los rayos del sol y, a la vista de todos, desaparece de la faz de la tierra. En sus propias tierras, y usurpando su lugar, otra raza se desarrolla con rapidez aun mayor; arrasa los bosques y seca los pantanos; lagos grandes como mares y ríos inmensos se oponen vanamente a su marcha triunfal».
Tocqueville relata en estas páginas el viaje que emprendió, en julio de 1831, desde Detroit hasta Saginaw, junto con su amigo Gustave de Beaumont. Bosques arrasados, desiertos que se convierten en ciudades, pueblos aborígenes perseguidos: en América nada será igual después de la llegada del hombre blanco.
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