Honoré de
Balzac (Tours, 1799-París, 1850) fue periodista, editor y tipógrafo, entre
otros oficios. A los treinta años comenzó su carrera literaria. Las deudas
fueron una constante durante toda su vida; sus continuos problemas económicos,
unidos a su insensatez y derroche, hicieron que Balzac se embarcara en
numerosos proyectos y que tuviese que despacharlos en cuestión de días.
En esta
situación se encontraba Balzac cuando comenzó a escribir El
primo Pons en 1846.
La obra fue alargándose durante meses, con sucesivas revisiones que llegaron a
triplicar la extensión original. A finales de diciembre de ese mismo año
terminó el último de los grandes libros balzaquianos, que inevitablemente vemos
como un testamento, con el que cierra sus puertas La
comedia humana que
inició en 1834. De El primo Pons dirá: «Mi obra está concluida. Es una
de las más hermosas que he hecho».
A pesar de la recepción
cauta e incluso fría con que fue recibida por parte de la crítica la inmensa
producción literaria de Balzac, ésta tuvo gran influencia en el desarrollo de
la literatura realista, naturalista y posnaturalista. Autores como Proust,
Zola, Flaubert, Dostoievski o Thomas Mann le profesaron una gran admiración, y
en las últimas décadas, tras un período de relativo oscurecimiento, hemos
asistido a un decidido renacer del interés por su obra.
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