Una calurosa mañana de junio, mientras el comisario Maigret está en su despacho del Quai des Orfèvres, madame Maigret deja entrar en su casa a un joven que desea hablar a toda costa con el comisario. Cuando éste llega a comer, el joven se ha ido... llevándose un revólver que Maigret apreciaba especialmente. Al seguir la pista del joven Maigret descubre, entre otras cosas, el cadáver de un conocido político. Maigret debe ir a Londres. Una vez allí, inmerso en los rígidos hábitos británicos, el comisario verá limitados sus movimientos: ¡hasta para tomarse una cerveza o fumar en pipa ha de ceñirse a los horarios!
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