Esta
novela escrita por Georges Simenon a
bordo de l’Ostrogoth,
Morsang-sur-Seine (Seine-et-Marne) en julio de 1931.
El
comisario Maigret se enfrenta al misterioso asesinato del capitán del «Océan»,
un barco francés que ha vuelto de una desastrosa campaña que ha durado tres
meses.
Octave
Fallut, capitán de la trainera «Océan», ha sido descubierto estrangulado, en un
estanque del puerto de Fécamp. El telegrafista Pierre Le Clinche, que se fue
visto vagabundeando por los alrededores del barco, es sospechoso. Maigret es
informado sobre el asunto a través de un antiguo amigo, maestro de escuela en
Quimper, que le pide que pruebe la inocencia de Le Clinche. Rápidamente el
comisario descubre la presencia de una mujer a bordo del barco en el momento de
la última campaña de pesca: durante tres meses, el capitán escondió a Adela, su
maestra, en su cabina.
Esta
situación engendró ciertos celos mezclados con desconfianza entre el capitán,
el jefe-mecánico y el telegrafista, puesto al tanto de la presencia de una
mujer a bordo. A pesar de la vigilancia de Fallut el joven Le Clinche mantuvo con
Adela una sola vez relaciones íntimas, que van a obsesionarle durante toda la
campaña de pesca. Tras un careo entre Le Clinche, Adela y Gastón Buzier,
también él sospechoso, Le Clinche es puesto en libertad por falta de pruebas.
Maigret entonces se hace cargo del joven y lo conduce hasta Marie Léonnec, su
novia. En la terraza del hotel donde se reunieron aparece Adela, que trata, por
celos, de provocar un escándalo. Como resultado Le Clinche realiza una
tentativa de suicidio.
Al quedar el asunto poco claro,
Maigret intenta reconstruir la atmósfera de la campaña de pesca a bordo de
«Océan», y deduce de eso que el drama se desencadenó el tercer día, en el
momento de la muerte de Jean-Marie, el nuevo grumete. Interrogado en el
hospital, Clinche revela por fin la fuente del drama; habiendo descubierto la
existencia de Adela, el grumete amenazó al capitán con revelar su secreto a la
tripulación. En la lucha que resultó, el capitán provocó la caída de
Jean-Marie, que se rompió el cráneo sobre un cabrestante. Cuidadoso de mantener
la disciplina y su reputación, Octave Fallut impuso silencio al único testigo,
Le Clinche, y pretendió que el grumete había sido llevado por una lámina. Para
la llegada al puerto, siempre obsesionado por el recuerdo de Adela y para vengarse
del «exclusivismo» de Octave Fallut, Le Clinche le reconoció al padre del
grumete que éste había sido asesinado por el capitán. El padre estranguló a
este último. En posesión de todos los datos, Maigret decide sin embargo no
divulgarlos y clasificar el caso.
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