Tras el saqueo de Troya, la flota está pronta a partir, y las troyanas están siendo sorteadas. El destino de cada troyana no puede ser otro que el ser malmaridadas con algún vencedor. Es un canto lleno de dramatismo por las consecuencias de la guerra. Se destaca la crueldad de los vencedores, que, en su desmesura (hybris), no tienen piedad con los vencidos, ni respeto a los dioses, ya que profanan sus templos. Ni siquiera tienen consideración con los niños, manifestando así abiertamente su temor a ellos cuando crezcan.
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