Los últimos datos conseguidos por la Selenografía, nos presenta a los mares de la Luna como inmensas extensiones de polvo finísimo, de origen meteórico, por las que es posible navegar, mediante barcos y aparatos de propulsión adecuados. Así, el «Selene», lujosa nave de crucero destinada a los turistas que visitan la Luna, zozobra en el Mar de la Sed, a causa de un espantoso seísmo lunar que provoca un hundimiento en el interior de la Luna. Hundidos a quince metros de profundidad, al parecer irremisiblemente perdidos, los tripulantes y pasajeros del «Selene», cuyo casco ha resistido, esperan la muerte, mientras toda la Luna (colonia humana desde hace medio siglo), se moviliza para salvarlos.
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